
En diciembre de 1831 Delacroix abandona París con destino a Marruevos. Desde territorio marroquí viajará a Argel y a España, visitando Sevilla y Cádiz. Durante este viaje realizará numerosos bocetos, apuntes y dibujos que más tarde le servirán para representar esos ambientes marroquíes. Así surge esta Boda judía en Marruevos, realizada seis años después de su regreso. Un patio sirve de escenario a la boda, representando diferentes tipos pintorescos, en actitudes variadas, generalmente en escorzo. Pero la gran protagonista de esta escena es la iluminación, destaca el foco de luz que reciben las encaladas paredes y que se transmite a los personajes. Esa luz dorada crea una atmósfera especial en la que se aprecian ecos de la pintura barroca española. La pincelada es más rápida que en sus obras iniciales.
Delacroix escogió a Dante para realizar varias de sus obras. Fue el más emblemático pintor del movimiento romántico aparecido en el primer tercio del siglo XIX, cuya influencia se extendió hasta los impresionistas. Etiquetado inicialmente como neoclásico, aunque opuesto totalmente a Ingres. A partir de 1855 Delacroix se convirtió en la figura que supo sobrepasar la formación clásica para renocar la pintura.